CUARENTENA: UNA REALIDAD DE FICCIÓN
El mundo se ha paralizado, la gente encerrada en sus hogares y un virus con carácter de pandemia cobra miles de vidas al día.
Parece el relato de una película de ficción, ¿no? Pero es la cruda realidad.
Hace casi cinco meses, una enfermedad desatada en China avanzaba a pasos agigantados; ha cruzado fronteras, ha desestabilizado la economía mundial, ha desarmado sistemas de salud y sigue siendo un verdadero misterio para los científicos.
La única vacuna que parece ser efectiva es el aislamiento social.
Los seres humanos somos seres sociables, vivimos del contacto y de las relaciones, ante la idea de la soledad o alejamiento parecemos sucumbir. Eso hemos hecho cuando la cuarentena se hizo efectiva, primero en otros países hasta tocarnos de cerca en el nuestro.
Al comienzo nos tomamos la medida a la ligera. Cada ciudadano, o por lo menos en mi ciudad, buscaba excusas para salir y abusar de la posibilidad de hacer mandados o trámites "urgentes"; al otro lado del mundo, familias enteras lloraban la muerte de al menos un familiar por día.
Para nosotros era un enemigo invisible e imperceptible, por eso lo subestimamos a pesar de su influencia cruzando las fronteras. De a poco se hizo presente: un caso importado, un caso autóctono, hasta las primeras muertes.
Ahora, cada quince días sentimos recrudecerse el aislamiento por más tiempo.
Los médicos trabajan a deshoras, el personal de seguridad controla todo el país y las personas encargadas de abastecer al resto se levanta cada día para exponerse al peligro por el bien común.
¿Todavía subestimamos al virus? La respuesta es variada, algunos sí pero la gran mayoría ha abierto los ojos. Aún quedan algunos incoherentes que tiran por la borda el trabajo de cientos saliendo de sus casas, los vemos en las noticias indignándonos por nuestra fortaleza de no sucumbir como ellos.
Sin embargo, quienes cumplen la cuarentena pensando en sí mismos y en quienes aman pusieron a prueba la fuerza de voluntad, resistencia, solidaridad y empatía por sobre el deseo necesario de interrelacionarse; ese gran grupo ha sabido superar la prueba, o la primera fase tal vez.
Lo más singular es cómo lo están logrando. Aquí es donde la tecnología dejó de individualizarnos para ser un canal conductor a todos nuestros seres queridos y a quienes en soledad encuentran a otros. También nos volvimos agradecidos, reconocedores de la valentía junto al heroísmo, plasmándolo en los aplausos de las 21 horas para los que ponen el cuerpo y alma por nosotros.
Si nos preguntan por el futuro todos estaremos de acuerdo en lo mismo, no tenemos idea de lo que va a suceder o cuánto tiempo costará; pero hay algo que sí sabemos y es que nada volverá a ser como antes.
Parece el relato de una película de ficción, ¿no? Pero es la cruda realidad.
Hace casi cinco meses, una enfermedad desatada en China avanzaba a pasos agigantados; ha cruzado fronteras, ha desestabilizado la economía mundial, ha desarmado sistemas de salud y sigue siendo un verdadero misterio para los científicos.
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| Cuarentena obligatoria a causa del Covid-19. Fuente: Jornada |
La única vacuna que parece ser efectiva es el aislamiento social.
Los seres humanos somos seres sociables, vivimos del contacto y de las relaciones, ante la idea de la soledad o alejamiento parecemos sucumbir. Eso hemos hecho cuando la cuarentena se hizo efectiva, primero en otros países hasta tocarnos de cerca en el nuestro.
Al comienzo nos tomamos la medida a la ligera. Cada ciudadano, o por lo menos en mi ciudad, buscaba excusas para salir y abusar de la posibilidad de hacer mandados o trámites "urgentes"; al otro lado del mundo, familias enteras lloraban la muerte de al menos un familiar por día.
Para nosotros era un enemigo invisible e imperceptible, por eso lo subestimamos a pesar de su influencia cruzando las fronteras. De a poco se hizo presente: un caso importado, un caso autóctono, hasta las primeras muertes.
Ahora, cada quince días sentimos recrudecerse el aislamiento por más tiempo.
Los médicos trabajan a deshoras, el personal de seguridad controla todo el país y las personas encargadas de abastecer al resto se levanta cada día para exponerse al peligro por el bien común.
¿Todavía subestimamos al virus? La respuesta es variada, algunos sí pero la gran mayoría ha abierto los ojos. Aún quedan algunos incoherentes que tiran por la borda el trabajo de cientos saliendo de sus casas, los vemos en las noticias indignándonos por nuestra fortaleza de no sucumbir como ellos.
Sin embargo, quienes cumplen la cuarentena pensando en sí mismos y en quienes aman pusieron a prueba la fuerza de voluntad, resistencia, solidaridad y empatía por sobre el deseo necesario de interrelacionarse; ese gran grupo ha sabido superar la prueba, o la primera fase tal vez.
Lo más singular es cómo lo están logrando. Aquí es donde la tecnología dejó de individualizarnos para ser un canal conductor a todos nuestros seres queridos y a quienes en soledad encuentran a otros. También nos volvimos agradecidos, reconocedores de la valentía junto al heroísmo, plasmándolo en los aplausos de las 21 horas para los que ponen el cuerpo y alma por nosotros.
Si nos preguntan por el futuro todos estaremos de acuerdo en lo mismo, no tenemos idea de lo que va a suceder o cuánto tiempo costará; pero hay algo que sí sabemos y es que nada volverá a ser como antes.

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